viernes, 4 de abril de 2008

:::"Ella es mi yerna":::


“Ella es mi yerna”:
¿Un cambio de perspectiva o un error gramatical?



¿Han escuchado los lectores a alguien decir, por ejemplo: “La esposa de mi hermano es la yerna de mi mamá?, ¿yerna en lugar de nuera? Las formas “yerno” y “nuera”, para referirse a la relación de una madre con el cónyuge de su hijo, tienden a confundirse en el uso, puesto que en español no es muy frecuente que para pares como suegro-suegra, hermano-hermana, abuelo-abuela donde la única diferencia es el género (masculino o femenino), se usen palabras completamente distintas, pero sí tenemos algunos casos como: padre-madre, macho-hembra, caballo-yegua y el que nos ocupa, yerno-nuera.

La mayoría de los femeninos en español se forman con –a. Decimos, por ejemplo: hermoso-hermosa, viejo-vieja, usado-usada, y así sucesivamente. Sin embargo, cuando se presentan casos donde no sólo cambia el final de la palabra sino la palabra entera es donde parece presentarse la confusión...

Cuando los hijos se casan, la suegra de cada uno tiene un “yerno” (el esposo de su hija) y una “nuera” (la esposa de su hijo) respectivamente. Pero la palabra “yerno” parece extender su límite pues no es nada raro escuchar la forma “yerna” para dirigirse a la “nuera” en verdad. Como se explicaba más arriba, el hecho de que los femeninos se formen regularmente con “a” provoca el que, acostumbrados a este tipo de variación, tendamos solo a cambiar el final de la palabra... así cada vez se extiende más el uso incorrecto de “yerna”.

Curioso es que “nuero” no sea caso de equivocación. Creemos que se debe a que normalmente los masculinos se transforman en femenino y no al contrario, por lo que en lugar de provocarse dos errores, es “nuera” la palabra que, de algún modo, comienza a perderse, a relegarse.

En el uso familiar, existen expresiones que, aunque gramaticalmente se consideren erradas, forman parte del cálido e íntimo trato familiar... el problema está cuando por uso estas incorrecciones llegan a los medios de comunicación y la transcripción de leyes.

El lingüista Ángel Rosenblat registra en una edición del diario “El Nacional” del año 1957 un fragmento que reza:

“La yerna pide nulidad de las gestiones realizadas por los apoderados” (245)

Igualmente recuerda como Antonio Arráiz la usa con humor en su popular Tío Tigre y Tío Conejo.

No se debe creer además que la palabra “yerna” recién hoy en día que se usa, lejos de eso, su aparición más antigua se remonta a 1830 en una de las cartas que el Mariscal Sucre envió a Mariana donde dice: “Al Marqués de San José y su señora y yerna, mil cariños” (245)

La aparición de la definición de “yerna” en distintos diccionarios como el diccionario de María Moliner, el diccionario académico donde aparece como término usual en Bolivia, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela y finalmente en el diccionario del español actual (1999) de Manuel Seco y Gabino Ramos de uso en España, nos permite deducir que ya en definitiva no se trata, en su totalidad, de un error gramatical sino más bien, como cree Rosenblat, de un cambio de perspectiva: si se habla de “yerno” y “nuera” la diferencia es marcada y clara entre ambos pero si hablamos de “yerno” y “yerna” es posible que psicológica e inconscientemente se tienda a igualarlos.

El hablante no siempre está consciente del poder que tiene sobre la lengua y el léxico en general, pueden existir casos como éstos en el que lingüistas y gramáticos se esfuercen por detectar la equivocación para corregirla y aún así es el hablante quien decide que decir y que no... Pero no debe olvidarse que nuestro idioma español es también un patrimonio que debe preservarse de igual forma que los cuadros antiguos del Museo Nacional. Y aunque en ocasiones quisiéramos, como García Márquez, lanzar una “botella al mar al Dios de las Palabras” con miras a simplificarnos, son palabras como éstas las que hacen del español una de las lenguas romances más amplias y ricas en uso٭






Bibliografía citada: Rosenblat, Ángel. Buenas y malas palabras. Una selección. Monte Ávila Editores. Caracas, 2004 (p.245-250)










4 comentarios:

gelue alvarez dijo...

Me encantó la explicación, felicitaciones

gelue alvarez dijo...

Me encantó la explicación, felicitaciones

Edmundo Rivero dijo...

puro bla bla. No termina de explicar nada y no va al grano. al final no sabemos porque no es "yerna"

Xavier Zerpa dijo...

Buenísimo